El binomio comunicación y política y su influencia en la participación ciudadana

Dr. Valeriano Ramírez Medina

Los procesos electorales, así como la relación entre gobernantes y gobernados, se han vuelto cada vez más complejas debido, en gran medida, a la creciente influencia de los medios de comunicación. De igual forma, el uso de la tecnología ha facilitado la difusión de la información, y de esta forma, la sociedad tiene la posibilidad de tener los elementos necesarios para poder emitir una opinión, así como mantenerse informado de manera ágil y cómoda.

Este fenómeno ha fomentado la creación de agencias y empresas dedicadas a medir la opinión pública y a orientar la toma de decisiones, mediante herramientas como encuestas y sondeos con los grupos de opinión o focales, manteniendo siempre un sentido científico en la aplicación de metodologías que den certeza a los resultados.

A este proceso se le ha denominado comunicación política, ya que combina el estudio de la comunicación a través del análisis de los medios, las redes sociales, y la medición de la opinión pública, estableciendo niveles de comunicación entre los diversos sectores, que dan como consecuencia parámetros de análisis para comprender la orientación política de la sociedad.

La Ciencia Política también ha tenido que cambiar los elementos que utiliza para el análisis de la realidad, y de esta forma han surgido teorías como el Neoinstitucionalismo, que parte de considerar a las instituciones como un sujeto y las reglas como actores.

Así por ejemplo para entender los cambios en la sociedad debemos partir por las instituciones sociales, la familia, la justicia, el gobierno, etcétera, a través de las reglas que los rigen, estudiando los cambios y la movilidad de los roles y acciones sociales para poder analizar las transformaciones sociales.

Estos estudios no pueden realizarse sin las herramientas que proporciona la comunicación y el seguimiento de los sectores informativos, que presenta la idea de la información como generadora de opinión.

Este proceso viene acompañado de la necesidad de los gobernantes de demostrar eficiencia administrativa y de gobierno, creando un binomio interesante entre comunicación y política, la que se deriva de la necesidad de mantener una relación permanente y constante entre gobernantes y gobernados. Esta misma acción da como consecuencia una planeación de políticas públicas basadas en los intereses colectivos de la sociedad, aunque estos no necesariamente representen las necesidades de las comunidades.

A la necesidad de mantener la eficiencia administrativa de los gobiernos como principal elemento de legitimidad, y a la creciente presencia de los medios en sus acciones se define como gobernanza. Esta misma debe ser medida de manera constante, y contrastarla con la opinión pública, así como con cada una de las acciones de gobierno y de la administración, que deberán ser sometidos a la medición de la opinión pública.

Es importante destacar que las políticas públicas también son derivadas de la opinión pública y que no necesariamente son producto de una planeación gubernamental; este fenómeno ha provocado que las acciones de gobierno se centren en las necesidades de la coyuntura y no en una planeación de largo plazo que de sentido a los gobernantes.

Para el gobernado es claro que su opinión y voto se convierte en un arma central para la legitimidad del gobernante, y para ello establece una serie de condiciones. En primer lugar, opinar sobre el comportamiento de sus representantes y sancionar las acciones de gobierno, obligando a la creación y aplicación de políticas públicas.

En segundo lugar, los gobernantes están sometidos a la opinión constante sobre la toma de decisiones y con ello se les resta autoridad, con lo cual se reduce el margen de movilidad. Esta situación impide la realización de un plan de gobierno a largo plazo, por el contrario, y ahora con la inclusión de las redes sociales y la constante acción de los medios de comunicación, se les exigen resultados de manera inmediata, haciendo imposible realizar tareas estratégicas en el gobierno.

La consecuencia es que se confunda de manera frecuente entre lo urgente y lo emergente, y por tanto se exige al gobernante que atienda lo contingente. Lo urgente son las acciones de gobierno para resolver una emergencia social, ya sea producto de un fenómeno natural o una demanda de servicios, o bien de una acción colectiva, dejando de lado las acciones que se plantean como emergentes, que son el mantenimiento de la infraestructura social

Así, las decisiones se convierten en contingentes, resuelven lo inmediato, pero plantean más problemas a largo plazo. Un ejemplo es la demanda de vivienda que se incrementa con la edificación de departamentos y casas de interés social, pero que en su planeación al dejar de lado los servicios de agua, luz eléctrica, transporte, zonas de recreación, etcétera, se convierten en demandas sociales que sólo son atendidas de manera parcial.

Estas demandas se convierten en el eje de la participación ciudadana, porque se trata de los problemas que se tienen que atender de manera cotidiana, y por la cual se propicia la necesidad de participación. Sin embargo, la experiencia indica que los problemas no atendidos se multiplican y provocan que la eficiencia gubernamental o gobernanza se enfrente a serios problemas.

Con base en lo anterior se puede decir que el binomio entre los avances de la tecnología, así como los nuevos elementos y formas de comunicación, traen como consecuencia que la ciudadanía tenga nuevas formas de opinar y de participar en la vida política en donde ya no es suficiente una declaración, o una manifestación pública, sino que además se da testimonio a través de las redes sociales.

Esto provoca que las instituciones gubernamentales tengan que atender las demandas que se realizan a través de las redes sociales o en la página web de la dependencia, lo que hace que se oficialice y se cree nuevos elementos para la realización de la administración pública.

Lo anterior obliga a que los gobernantes estén más atentos a las reacciones de sus actividades y declaraciones en las redes sociales, pretendiendo con ello estar más cercanos a la sociedad. En realidad, esta actitud resulta una ironía, ya que estos medios de comunicación son despersonalizados, y lo que se establece en realidad es una comunicación ficticia generada por una empresa o por una sección de la propia dependencia, aparentando eficacia y eficiencia en la administración pública.

Las consecuencias son claras cuando se trata de la participación ciudadana, algunos autores como Crozier proponen que exista un margen de incertidumbre por parte de la institución para que los actores sociales desarrollen con libertad y de manera organizada los cambios necesarios dentro de las organizaciones, y así permitir las adecuaciones necesarias. En este proceso las redes sociales juegan un papel determinante en la canalización de las demandas.

Otra teoría, la de acción social, propone la búsqueda de identidades que muevan a la sociedad. Alain Touraine, por ejemplo, afirma que es la necesidad de reconocimiento la que genera esa identidad, con base en ello las redes sociales se vuelven las encargadas de hacer posible la identidad; y las reacciones a los comentarios, hashtags y mensajes las que proporcionan el reconocimiento.

Actualmente, la diversidad cultural y política de la sociedad se ha incrementado y requiere acciones de gobierno lo suficientemente eficaces para atender las demandas de los diferentes sectores, así como escuchar las expresiones políticas que se forman en la sociedad.

En ese sentido, la Comunicación Política se vuelve una herramienta fundamental para la gobernabilidad; y las instituciones de gobierno y administración las encargadas de volverla eficiente mediante vínculos reales con la sociedad, lo que requiere un aparato social amplio, con un lenguaje claro para los diversos sectores de la población.

La utilización de esta herramienta de comunicación y política puede ayudar a canalizar y atender las demandas sociales antes de que estas se conviertan en conflicto social, y en consecuencia en un movimiento que puede mostrar una serie de elementos ausentes en los diálogos en las redes.

Los gobernantes, los partidos políticos y los actores sociales deben mantenerse atentos a las necesidades y demandas que aparecen en los diversos medios, así como en las reacciones en las redes sociales, para evitar poner en riesgo la gobernabilidad y la gobernanza. La comunicación política puede ser la herramienta por el cual se pueda conocer y dar respuestas a estas demandas.


Bibliografía

Crozier, Michel. El actor y el sistema. Alianza Universidad 1990.

Poulantzas, Nicos. Estado, poder y socialismo. Siglo XXI Editores 1984

Touraine, Alain. El retorno del actor. Eudebra. 1984

Touraine, Alain ¿Podemos vivir juntos? FCE. 2002